
El cuico político no se refiere
necesariamente a los actuales políticos tipo senadores, diputados o alcaldes
(aunque también hay), sino al cuico ese con “vocación de servicio
público”, ese que trabajó en el Gobierno…pero en el de Piñera. Ese que trabaja
en el Libertad y Desarrollo, o en el CEP, o en algún otro Think Tank.
El cuico político se gesta en
muchos casos en el colegio: el clásico(a) que participa o es Presidente del
Centro de Alumnos, que participa en todo tipo de actividades extra programáticas
(sociales sobre todo) del colegio. Después entran a la universidad y
seguramente entran al Centro de Alumnos, o a la FEUC (la mayoría son de la
Católica, convengamos), organizan los trabajos de invierno, seguramente
hicieron clases en INFOCAP…y por supuesto, su salto definitivo al mundo político,
el TECHO. El Techo es como el semillero de cuico político, ese cuico solidario
con vocación de servicio “real”, el que quiere cambiar la política, que no está
por el poder, sino por una real preocupación por el prójimo. Probablemente
muchos también pasaron por la Fundación Jaime Guzmán, donde se hicieron de
buenos “contactos” y tuvieron su adecuado entrenamiento político.
El cuico político es bueno para
estudiar, seguro va a hacer algún diplomado o magíster en políticas públicas (donde
se encuentra con los abajistas o los progre), o en medioambiente, o en
administración pública, lo que sea. Pero tiene que estar siempre al día,
siempre informado. Es muy común que el cuico político haga clases en alguna
universidad, porque su vocación de servicio también se extiende a “formar a los
más jóvenes”.
El cuico político siempre quiere hablar
de temas “interesantes”, de temas contingentes, polémicos. Es de esa gente que
lee el cuerpo C de El Mercurio de adelante para atrás (y no de atrás para
adelante como hace la mayoría de los mortales que prefieren leer primero la
parte de espectáculos y se saltan la política). Se saben los nombres de todos
los diputados, senadores, intendentes, probablemente conocen a muchos, y por
supuesto hablan de ellos por su nombre de pila: “el otro día estuve con Jovino”
o “con el Mumo (Edmundo Eluchans)”, o peor todavía, con “el alemán (José
Antonio Kast)”, como para demostrar que él es cercano a ellos, y a la vez
asumiendo que todos saben de quién están hablando. De hecho también hablan de
los grandes empresarios por su nombre de pila “Sven (von Appen)”, “Andrónico
(Luksic)”, porque obviamente también los conocen (¡de dónde sacan la plata para
sus campañas sino!).
El cuico político, en cualquier
reunión social, se va a asegurar que todos sepan en qué trabaja, y generalmente
no se despega de su celular, porque siempre va a estar recibiendo información
importante, y es probable que haga algún comentario del tipo “uh quedó la
cagada entre Girardi y Moreira”, obviamente algo que no se ha sabido
públicamente, como para demostrar que tiene información privilegiada y como si
fuera lo más importante de ese momento (aunque esté en un asado donde estén
hablando de algo cotidiano, como los niños o el fútbol y su comentario sea una
interrupción).
El cuico político tiende a mirar
con un poco de desdén a sus amigos cuicos no-políticos, los encuentra un poco
ignorantes, poco informados, y probablemente les diga “es que no cacho qué
hacen uds., los abogados comerciales” (reemplace abogados comerciales por
cualquier profesión y cargo que no sea político: product manager, analista
financiero, lo que sea). Como que para ellos no hay nada más importante y
valioso que el quehacer nacional actual. Y sufren si alguien no entiende o no
está al tanto de las últimas novedades políticas. Y además le encanta discutir,
entonces no pierde oportunidad para enfrascarse (y enfrascar a todos a su
alrededor) en acaloradísimas discusiones de la contingencia política, por
supuesto demostrando su superioridad en cuanto a los conocimientos y opiniones
que tiene al respecto (aunque no las tenga, las va a inventar).
El cuico político, como todos los
cuicos, tiene ese afán de ser cercano a la gente “humilde”. En el caso del
cuico político es más patente, porque por definición tienen que abrazar y
besuquear a todo tipo de gente, entonces nada mejor para ellos que contar que
la Junta de Vecinos de Conchalí les hizo un desayuno (aunque íntimamente
comenten: “con esas tortas de crema asquerosas”) o que fueron a una feria en
Pedro Aguirre Cerda. Les encanta “tener calle”, saber los nombres de los
barrios humildes, conocer al “Chile real”. Demostrar que ellos son “de terreno”
y no es que se anden llenando la boca. Ojalá poder contar que comieron una
sopaipilla de carrito o cosas que el resto de los cuicos encuentra “asquerosas”
(y probablemente ellos también), sólo para demostrar su real vocación.
El cuico político es – en su
grandísima mayoría – de derecha, y vuelca toda su ira cuica en sus rivales
políticos (la concertación, o la Nueva Mayoría (Nueva Pillería, como obviamente
le dicen)). Son todos unos “rotos”, con cara de picantes, que no le han ganado
a nadie, ordinarios, mala clase, ladrones, corruptos, etc. La izquierda es la
encarnación del mal. Nada bueno sale de ellos, ninguno salva. El cuico político
es bien polar en su pensamiento. La derecha es incomprendida, la izquierda es
mala. No hay mucho más que eso. Y “la gente no entiende”, “el pensamiento de derecha
es más difícil de entender”. Nunca van a dar su brazo a torcer. Nunca (bueno,
esto corre para los otros políticos también).
El cuico político de verdad sufre
con el gobierno actual, sufre a un nivel mucho más profundo de lo que sufre cualquier
otra persona no política (que no esté de acuerdo con el gobierno actual). Para
él/ella es una angustia constante ver cómo las cosas no se están haciendo
“bien” (para sus parámetros obviamente), y a la vez una satisfacción secreta
cuando los números objetivos validan su pensamiento: la desaceleración de la
economía o el aumento del desempleo en el fondo fondo tiene al cuico político
saltando en una pata. Nada mejor que ver en desgracia a sus enemigos.
El cuico político obviamente
tiene su vida, va de veraneo y hace un montón de cosas al igual que el resto de
los cuicos, pero pasa a ser irrelevante porque el cuico político está definido
por su “pasión” por la política, por su pasión por el “bienestar” del país, por
defender a los suyos (derecha) y odiar a los otros. El resto pasa a segundo
plano. Puede que tengan familia, puede que vayan a la playa, muchas cosas. Pero
su sello es su “vocación de servicio público”. El resto es música.